Enraizarse en la palabra de Dios
Dichoso el hombre
Que no sigue el consejo de los malvados,
Ni se detiene en la senda de los pecadores
Ni cultiva la amistad de los blasfemos,
Sino que en la ley del Señor se deleita,
Y día y noche medita en ella.
Es como el árbol
Plantado a la orilla de un río
Que, cuando llega su tiempo, da fruto
Y sus hojas jamás se marchitan.
¡Todo cuanto hace prospera!
(Salmos 1:1-3 NVI)
Un ábol bien plantado es un árbol cuyas raices crecen fuertes y se enraizan en el terreno. Sus hojas no se marchitan y proposera cuando existe una fuente de agua cercana y el contacto de luz del sol necesaria para que ese árbol crezca y folrezca adecuadamente. El salmista David está dibujando una imagen simple de entender. Nosotros somos el árbol, el cual debe cuidar sus alrededores y asgurarse de que no se relaciona con personas o ambientes que contaminen su entorno y que por el contrario se alimenta día y noche de la palabra de Dios. Estos últimos son los que prosperan cuando echan sus raices anclados en la búsqueda contínua de su presencia y sabiduría..
El secreto de tener unas raices fuertes está en meditar día y noche en las palabras que Dios nos revela cuando le abrimos un espacio de tiempo justo al despertar y antes de acostarnos. Lo que más desea Dios es que desarrollemos un relación íntima con él y eso no lo podemos hacer a través de otras personas. No podemos recibir revelación de otros cuando Dios quiere hacerlo directamente a través de su palabra. Pero para que se establezca esa comunicación debemos abrir el espacio y el tiempo para ese diálogo suceda.
Por la mañana, cuando todos duermen, te animo a que empieces una cita diaria con Dios. Comienza por orar y sincerate con él, pídele sabiduría, escribe algunos versos y medita en ellos. Si tienes tiempo escribe algunas reflexiones sobre esos versos y qué enseñanzas te dejan. Cuando empiezas a meditar en las escrituras, Dios comienza a darte ideas, revelaciones, intuiciones que actúan como una guía en el camino de tu vida. Es en esos momentos cuando Dios puede trabajar con tu corazón, modeándolo para formarlo a su propia imagen. A través de la palabra tú mismo podrás ver en qué areas estás actuando bajo tus propios criterios y en cuales estás siguiendo la guía de Dios. El Espíritu Santo te hace ver dónde necesitas recapacitar u obedecer en algo que sabes que es bueno para ti, como perdonar a alguien, o llamar a un amigo para darle palabras de aliento.
De la misma manera es importante que nos vayamos a la cama haciendo un repaso de lo que sucedió en el día. Darle las gracias a Dios por su bondad y su gracia, hacer una pequeña oración de agradecimiento antes de dormirnos. Si necesitas guía en algún área de tu vida puedes pedirle a Dios que te hable a través de tus sueños. Entonces pon en él todas tus cargas y todas tus preocupaciones y descansa.
En paz me acuesto y me duermo,
Porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado
(Salmos 4:8 NVI)
El contacto diario con Dios trae a tu vida creatividad, ideas nuevas, intuiciones y un entusiasmo basado en escuchar lo que él tiene para tí. Así mismo meditar en su palabra en la mañana y descansar en su presencia por la noche trae una paz que el mundo no puede dar. La paz de Dios no se puede conseguir con esfuerzos humanos, ni se puede entrenar para merecerla, es un regalo que Dios nos hace. Es una paz que él nos presta para enfrentarnos a las dificultades en nuestra vida.
Cuando vivimos una vida enfocada en buscarlo a él dia y noche, Dios transforma poco a poco nuestro corazón, ancla nuestras raices y causa que todo lo que hagamos prospere porque estamos en el terreno fértil y abundante de su voluntad.

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