EL ÁRBOL DE LA VIDA



En el jardín del Edén, Dios plantó muchos árboles pero en el centro puso al más precioso de todos, el árbol de la vida eterna, al otro lado del río, frente a este puso el árbol del conocimiento del bien y del mal. Adán y Eva nacieron seres amados, en perfecta armonía con su creador. Todo lo que Dios quería era formar una familia y para formar una familia debe de haber lealtad y confianza, además de libre elección. No se puede obligar a nadie a amar a otro, tiene que ser una decisión libre y personal. Por lo tanto Dios tuvo que poner a prueba la confianza de sus hijos. No había otra manera. La prueba fue poner el árbol del conocimiento del bien y del mal, poniendo la primera y única regla del jardín del Edén. No debéis comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, si lo hacéis, ciertamente moriréis. Es curioso porque Dios no les prohíbe comer del árbol de la vida.

Su vida transcurría envueltos en paz y amor hasta que la serpiente decidió tentar a Eva. La serpiente le hizo creer a Eva que Dios les ocultaba algo y que al probar del árbol del conocimiento del bien y del mal no morirían sino que todo lo contrario, se convertirían en seres eternos y sabios tanto o más que Dios. Eva sucumbió a la tentación e inmediatamente invitó a Adán a probarla también. No hubo ningún tipo de resistencia, Adán cayó igualmente en la tentación. No tardó la culpa y el miedo en apoderarse de ellos. De repente sintieron vergüenza de estar desnudos y sintieron temor al escuchar que Dios venía.  Fue entonces cuando Dios se dio cuenta que sus hijos habían caído en la tentación, consumándose así el pecado original, la caída del hombre en un penoso recorrido por reencontrarse con la gracia de Dios.

El instante en que el probaron del fruto prohibido el miedo, la culpa, la ansiedad, la avaricia, la codicia, el orgullo, la vanidad entraron en sus vidas. Dios se apresura a expulsarlos del Jardín muy a su pesar. Pone a grandes ángeles custodiando el árbol de la vida para evitar que ellos coman de sus fruto. ¿pero, por qué? ¿Por qué de repente ya no quiere que ellos coman del árbol de la vida eterna? La respuesta es sencilla. Si comieran de ese fruto, justo despu[es de haber probado el del conocimiento del bien y del vivirían eternamente condenados al pecado que habían invitado en sus vidas. Ellos debieron haber comido primero del árbol de la vida, pero no fue así. Nunca llegaron a problar del árbol que Dios les puso ahí primero. 

Luego el Señor Dios dijo: Miren, los seres humanos se han vuelto como nosotros, con conocimiento del bien y del mal. ¿y qué ocurrirá si toman el fruto del árbol de la vida y lo comen? ¡Entonces vivirán para siempre! Después de expulsarlos, el Señor Dios puso querubines poderoso al oriente del jardín de Edén; y colocó una espada de fuego ardiente -que destellaba al moverse de un lado a otro - a fin de curtodiar el camino hacia el árbol de la vida. (Génesis 3:22-24)

Ahora Adán y Eva se convierten en habitantes de la tierra. Con su pecado han caído de la gracia de Dios pero también le han dado autoridad a la serpiente sobre la tierra. Nuestro mundo como lo conocemos ya no está bajo la completa jurisdicción de Dios. Con el pecado no solo llegó el miedo, la culpa y todas esas emociones provenientes del pecado original, también entró la muerte, el dolor, la enfermedad, la pobreza, las guerras, conflictos, desastres naturales, y todo lo que lleva a la muerte. Dios cierra a cal y canto el jardín del Edén y piensa en un nuevo plan. En ese momento, sabe que tiene que crear un nuevo hogar para recuperar a sus hijos y scarlos de su naturaleza caída. Dios no tiene otro remedio que construir su nueva tierra en otra dimensión, el nuevo paraíso ya no existir en lo físico y lo tangible. Debía ser un reino eterno, inaccesible para las fuerzas del mal, un lugar donde sólo Dios pudiera habitar, donde no existiera el miedo, el dolor, la muerte, la enfermedad, ni las guerras. En ese lugar ni siquiera sería necesaria la luz del sol, porque la presencia de Dios sería la luz que ilumina todo. Ese lugar sería la Nueva Jerusalén. Allí Dios plantaría una vez más el árbol de la vida como símbolo de la vida y unión eterna con él. La nueva tierra es el paraíso donde los afortunados en llegar vivirán eternamente y habitarán en cuerpos celestiales e inmortales. 

Tan solo había un problema con ese plan, y es que todavía tenía que derrotar al maligno que ya se había apoderado de la tierra. Después de Adán, las generaciones sufren para seguir existiendo, consumidos en un mundo de odio y maldad. Dios se cansa de ver a sus hijos luchar y descarrilarse sin poder vencer a las fuerzas del mal que tienta a todos y cada uno de ellos una y otra vez. Hastiado y horrorizado de  la maldad y corrupción que impera decide destruir la tierra con una inundación. Pero vio una halo de esperanza en Noé, el único hombre justo en la tierra. Y Dios le da a la humanidad una oportunidad más. Generación tras generación, Dios ve a un humano que piensa que puede vencer la batalla de una vez por todas, pero incluso los más justos caen, en un momento u otro. 

Hasta que llega un joven pastor, llamado David, un hombre hecho con un corazón puro y sensible. Un joven que adora y alaba a Dios con sus versos y su pureza. David está muy conectado a Dios y recibe muchas señales divinas y nos recuerda mediante versos hermosos que nosotros debemos ser con un árbol plantado a la orilla de un río. El entiende por revelación que cuando meditamos en su palabra nos convertimos en árboles plantados a la orilla del dío. El agua es la palabra de Dios, el árbol que recibe el agua de vida, florece y da fruto de la misma manera que el hombre que medita en la palabra de Dios florece y da fruto aquí en la tierra. El único antídoto para vivir en este mundo caído es el de recordar diariamente el amor de Dios y su palabra. Eso es lo que nos mantienen cuerdos. Pero ni siquiera David estaba libre de las tentaciones aquí en la tierra y aunque resistió muchas, en otras sucumbió y pecó. 

Muchas generaciones le sucedieron y otros profetas nos seguían recordando que el árbol de la vida es donde empezó nuestra decadencia, donde perdimos la batalla pero también es el futuro al que debemos aspirar. Jeremías nos recuerda que aquellos confían en el Señor son como árboles plantados a la ribera del río, Ezequiel sin embargo nos muestra al Señor como el gran jardinero que tala los árboles altos y hace crecer a los pequeños, seca los verdes y reverdece a los secos. Una y otra vez, se esfuerza Dios por mostrarnos que el árbol de la vida fue nuestro origen, debe ser nuestro presente y que un día será nuestro futuro. 

A todos esos hombres con un corazón cercano al padre, Dios les permitió vislumbrar su plan. A ellos les mostró que traería un libertador, alguien que llegaría para destruir las fuerzas del mal y liberar así al hombre de la condena que se impuso al darle autoridad al mal. Hasta que Dios decidió enviar a su propio hijo. Entonces Satanás, el ángel caído, que perdió su camino, se apresuró a tentar a Jesús igual que lo hizo con Adán. El problema fue que  ninguna de sus tentaciones funcionó con Jesús porque él estuvo siempre limpio de pecado. Todo a lo que Adán cayó, Jesús lo resistió. En la cruz, Jesús tomó todos los pecados del mundo y los consumó con su propia muerte. Revivió en un nuevo cuerpo, descendió hasta los infiernos, le quitó las llaves de la muerte eterna a Satanás y regresó con su Padre al nuevo hogar que juntos habían creado.

En Apocalipsis, el apóstol Juan describe la Nueva Jerusalén como el nuevo paraíso, la nueva tierra. Un lugar donde no existe el dolor, el miedo, ni la muerte, o la enfermedad. La única manera de acceder a la nueva tierra es creyendo en la obra completa de Jesús. Allí está nuevamente plantado el árbol de la vida en el centro de la ciudad para traer sanidad y restauración a las naciones. 

Así pues, el árbol de la vida representa nuestro pasado, cuando tuvimos al alcance de nuestra mano la vida eterna envueltos en amor y alegría, pero elegimos el árbol del conocimiento, es decir, decidimos hacer las cosas guiados por nuestra razón, y nuestra propia opinión. Todavía hoy lo seguimos haciendo, el hombre puede confiar en Dios y seguir su sabiduría para guiarse en la vida o puede hacer las cosas siguiendo su opinión, decisiones y propia voluntad alejada de la de Dios. Es por eso que el árbol de la vida todavía hoy representa ese espíritu humilde y flexible que le pide a Dios su conocimiento, su sabiduría y su guía a través de su palabra. Plantados en su palabra floreceremos indudablemente incluso en una tierra caída. Por último, el árbol de la vida es nuestro futuro, es el retorno al paraíso que Dios siempre deseó para nosotros. Después de la muerte en esta vida imperfecta, nos aguarda una vida eterna al abrigo del amor del padre. Nos aguarda sanidad, descanso, reconciliación eternas. Ese es el verdadero significado del árbol de la vida. 


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