Enraizarse en el ahora




¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?
¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan; sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como un de ellos. Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe? Así que no se preocupen diciendo: ¿Qué comeremos? o ¿Qué beberemos? o ¿Con qué nos vestiremos? Los paganos anda tras todas estas cosas, pero el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. 
(Mateo 6:27-33 NIV)

Las enseñanzas de Jesús se consideraron radicales. Sin embargo, el término radical proviene de la palabra raíz. En otras palabras, las enseñanzas de Jesús apuntan a vivir una vida espiritualmente estable, anclado en un mundo sin preocupaciones ni ansiedades. Si prestamos atención a esta escritura, Jesús hace una analogía con la naturaleza y nos muestra como los lirios florecen sin ninguna preocupación, confiando plenamente en el ciclo de la vida. De la misma manera, Jesús nos anima a que aprendamos a confiar en Dios como los lirios, sabiendo que él está en control de todas las cosas y que no debemos afanarnos por las cosas materiales. 

La gran mayoría de las enseñanzas de Jesús hablan de la naturaleza, haciéndonos entender a nosotros que somos seres naturalmente conectados a nuestro Creador, y que él ya tiene en cuenta todas nuestras necesidades, incluso antes de que se las pidamos. Es por eso que cuando nos sentamos a la orilla de un río escuchando el curso de el agua, o cuando estamos en mitad de un bosque admirando la belleza de los árboles con la luz del sol atravesando las hojas y las ramas, o cuando contemplamos desde lo alto de una montaña un paisaje en el que se nos pierde la vista, sentimos una paz indescriptible. El contacto con la naturaleza nos devuelve la raiz de la que Jesús habla. 

Ese estado natural de aceptación y de vivir el momento plenamente sumergido en una paz que va más allá de los descriptivo lo llamó también Jesús el Reino de los Cielos. Cuando habla de ese lugar no se está refiriendo a un lugar después de la muerte. Jesús habla de un lugar que existe en el aquí y el ahora. Es un estado de conciencia elevado en el que no existe ninguna interferencia del miedo, la ansiedad, las dudas o la procupación. Es el estado máximo de aceptación, gratitud y contentamiento en el momento presente. Es en realidad el único momento que existe. Nunca vivimos en el pasado y jamás viviremos en el futuro, solo podemos vivir en el presente. Es un REGALO que podemos aceptar, abrazar y disfrutar o por el contrario lo podemos rechazar tratando de cambiarlo, mejorarlo o modificarlo. Es por eso que se llama PRESENTE.

Cuando dejamos ese estado vital, cuando nuestra mente empieza a ocuparse de situaciones futuras o hipotéticas, entonces comenzamos a pre-ocuparnos, es decir, ocuparnos de algo antes del tiempo correspondiente. En ese momento, nuestras raices pierden fuerza y se debilitan, perdiendo anclaje y presencia. En lugar de hacer eso, debemos aprender a simplemente ocuparnos en vivir plenamente el ahora, de disfrutar este instante, este minuto, estas líneas que te recuerdan que no existe otro momento más valioso que el ahora. Es así como aprendemos a vivir confiados como los lirios o las aves del campo tal y como nos demuestra Jesús en sus enseñanzas. 

Eso no quiere decir que no usemos el don de la inteligencia que Dios nos ha dado para planificar. Cuando apartamos tiempo a diario para conversar con Dios y le damos espacio para que nos hable, Dios pone en nuestro corazón planes de futuro, pone una visión delante nuestra. A Dios le gusta que demos pasos y que pongamos fechas y que tomemos acción a lo que él desea hacer en nuestras vidas. Pero esos deseos no deben robar el disfrute del tiempo presente, sino todo lo contrario. Esos planes van a aumentar nuestro estado de gratitud y entusiasmo por vivir anclados en el ahora. 

En el día de hoy te animo a que examines tu raíz ¿están tus raices en el ahora, en la gratitud, cultivando la confianza en Dios y la seguridad de que él está guiando tus pasos? ¿o está tu mente preocupada en el mañana, en lo que debería ser diferente o en lo que no tienes o aún no has conseguido? Si es así, simplemente vuelve a la raiz de la que habla Jesús, en la confianza de tu Padre celestial y la certeza de que él está guiando tus pasos y que está proveyendo de aquello que necesitas. Si puedes, ve a un lugar en el que estés rodeado de naturaleza, árboles, un río, o una montaña. Un lugar que te recuerde la armonía en la que vive envuelta la naturaleza, la cual confía en los ciclos perfectos de la vida. 


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