Las raices (tus orígenes)




Traigo a la memoria tu fe sincera, la cual animó primero a tu abuela Loida y a tu madre Eunice, y ahora te anima a ti. De eso estoy convencido.
(2 Timoteo 1:5 NVI)

Timoteo era uno de los discípulos de Pablo. Debido a su juventud tenía dudas de si él era apto para predicar el evangelio a la gente. Seguramente pensaba que nadie le iba a escuchar ni a tomar en serio por ser tan joven. Pablo sin embargo creía en él y en su potencial y lo amaba como se ama a un hijo. Aún así, Timoteo aparentemente estab teniendo dificultades para conectarse a su propósito y mostrar la pasión y seguridad de Pablo a la hora de hablarle a la gente. 

Es por eso que el apostol le recuerda que no es solo su fe la que le impulsará en la consecución de su meta. Detrás de él estuvo su abuela Loida y su madre Eunice, dos mujeres de fe que probablemente oraron por él día y noche. Es decir, Pablo le hace ver a Timoteo que las generaciones de fe que nos han precedido dan a nuestra fe más fuerza y son nuestra raices. Allí donde nuestra fe no llega, la fe que heredamos de nuestros antepasados nos lleva un paso más. Esas son las raices donde se cimienta nuestra vida espiritual.

Como Timoteo yo también tuve una abuela de fe. Mi abuela María tenía una fe inequebrantable. Durante mi infancia los únicos recuerdos que tengo de Dios eran los de irme a dormir escuchando sus rezos y oraciones. Seguramente oraba por protección, salud, sabiduría y por bienestar. Sus oraciones ponían un manto de protección sobre nuestra familia que aún hoy perduran. Mi madre, Isabel, al igual que mi abuela, se crió con un profundo amor por Dios y un corazón puro y noble. Su deseo era ser misionera y ayudar a los niños en pueblos empobrecidos en Africa que diariamente morían por falta de alimento. Sin embargo, las circunstancias de la vida la alejaron de la iglesia. No obstante, en su día a día mi madre siempre cultivó la presencia de Dios en su corazón y lo reflejó en su caracter sosegado, generoso, amable y altruista. 

Años más tarde Dios puso en mi camino a Xochitl, la mujer que él apartó para convertirse mi esposa y mi estandarte en el Señor. Su amor a Dios y perseverancia en su búsqueda me animan en mi continuo divagar. Su madre, Nohemy es también una mujer fuertemente arraigada en la palabra de Dios, siempre cubriendo a su familia en oraciones y declaraciones de fe. La primera vez que Xochitl y yo salimos juntos ella me invitó a la iglesia Lakewood, a la cual ahora asistimos y somos miembros. Aquel día me reencontré con el amor de Dios en mi vida. Aquella experiencia me reconectó no solo con Dios sino también con la herencia de fe que venía de generaciones y generaciones atrás, pasándome así el relevo de fe, que ahora yo tengo el privilegio de continuar con mi hija Isell. 

Por tanto, en nuestro desarrollo espiritual es importante reconocer que no se trata de nuestros talentos, nuestros dones o nuestro esfuerzo. Debemos ver a través de los ojos de fe que existe un legado en nuestro pasado que nos fortalece hoy. Ese simple hecho es el que utiliza Pablo para después recordarle a su amado discipulo que avivara su pasión nuevamente. Después de recordarle a Timoteo que su fe es más fuerte por sus raices y sus orígenes le anima a que se sacuda las dudas y permita que su entusiasmo brille, sabiendo que no está solo y que no se trata solo de sus oraciones y de su esfuerzo sino que detrás de él hay varias generaciones apoyándole y dándole las fuerzas que necesita, incluso aunque algunos de ellos ya no estén con nosotros. 

Por lo tanto, también nosotros que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante
(Hebreos 12:1 NVI)

Cuando Pablo habla de esa multitud se refiere a nuestros familiares, tanto aquí en la tierra como los que están en el cielo, animando desde las gradas allá arriba. Todos y cada uno de ellos se suma a tus esfuerzos. Sus oraciones te impulsan cuando tus fuerzas se agotan, te abren las puertas cuando tu favor es inmerecido. Por pertenecer a esa generación de fe, estás cubierto de gracia, favor, misericordia y fortaleza. Así que como dice el apostol Pablo recobra hoy la confianza y seguridad en ti mismo y continúa con perseverancia en la carrera que Dios ha determinado para ti. Sigue tu corazón sabiendo que una nube de testigos están contigo y desean tanto o más que tú que llegues a la meta.


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